OBJETIVOS DEL CLUB DE LECTURA

Los objetivos que pretendemos alcanzar son los siguientes:
. Establecer un diálogo en torno a los libros.
. Incentivar al hábito lector, y mantenerlo vivo entre nuestros alumnos, profesorado y familias.
. Promover la visión crítica de la lectura desde el respeto y la adquisición de nuevos aprendizajes.
. Valorar la lectura como forma de enriquecimiento personal.

jueves, 4 de junio de 2015

Relato de Francisco Javier Sarabia García (1º ESO B): El códice

Año 1.235, Córdoba, Al-Ándalus. -¡No puede ser! ¡Esto es inaudito! - No pudimos hacer nada más señor. - ¡Pues deberíais haberos esforzado más! No estamos para tonterías en estos momentos. Los reinos cristianos de Portugal, Castilla, Aragón y León están avanzando vertiginosamente hacia Granada. No podemos permitir que una ciudad tan importante como Córdoba sea conquistada. Sería un golpe muy duro para el reino. - Señor, de verdad que no pudimos hacer nada más. - Ya le dije, mi señor, que esos soldados no eran muy de fiar. -¡Cómo han podido cantar tan rápido! - Señor, ¿y no bastaría con proteger mejor las murallas ? - A usted, Mohamed le tengo que alagar por el gran trabajo que ha realizado escuchando en un lugar tan peligroso la conversación entre esos cristianos. Pero ahora... ¡Le tengo que echar una buena bronca! ¿Cómo no puede saber aún que todo el ejército se está centrando en Granada y en otras ciudades de más al norte? Tardarían meses en llegar hasta Córdoba para protegerla. Por ahora podéis retiraos. - Gracias señor. - Gracias señor. - Padre. - Pero hijo, ¿no te he dicho ya mil y una veces que no me interrumpas cuándo estoy hablando con otras personas? - Pero si ya has acabado padre. - Es verdad hijo, pero has llegado antes de que los señores saliesen por la puerta. No hagas eso nunca más, por favor, hijo. - Como usted diga, padre. - ¿ A qué venías hijo? - Pues padre, he escuchado vuestra conversación con esos señores, y me he preguntado que si son tan malvados esos cristianos. - Hijo mío, me encantan tus preguntas. Pues en realidad, los cristianos no son personas malas. Son como nosotros. Lo que ocurre es que quieren volver a tener en su poder el territorio que alguna vez fue suyo. - Hoy en la escuela, padre, el profesor nos ha contado varias historias sobre los cristianos. Y resulta que ambas religiones, la musulmana y la cristiana creen en el mismo dios, Diós y Alá son los mismos. ¿Es eso cierto padre? -Sí, hijo, es cierto. ¿Y por qué me cuentas esta historia? - Pues quería saber si tu sabrías alguna, ya que eres tan sabio. - Sí, muy bien, hijo. Una vez un cristiano, amigo mío, y que decir cristiano, era el rey del reino de León por aquellos tiempos, me contó una historia sobre un caballero procedente de Germania. - Pero padre, ¿cómo es que un rey cristiano fue amigo tuyo? - Por aquellos tiempos hijo, yo no era aún rey, era príncipe, y como los cristianos y musulmanes se llevaban tan bien por aquella época, mi padre invitó al rey de León a nuestro palacio durante unos días. Entonces uno de esos días le pregunté sobre cómo era la vida en todos los reinos cristianos. Él, que se hospedó en palacio durante tres días, me contó dos historias por cada uno de los dos últimos días. ¿Quieres que te la cuente? - Sí, por favor padre. - Pues, un 22 de noviembre de hace 15 años... Un magnífico caballero conocido en todo el norte de Europa, cabalgaba en su caballo, moribundo tras una cruenta batalla por unas llanuras desoladas. Cuando ya pensaba que iba morir escuchó unas campanadas con tono lúgubre que parecían proceder de un lugar no muy lejano. El caballero, cobró fuerzas de donde no las tenía, y gracias a su agudo oído consiguió llegar a un pequeño monasterio. Llamó a la gruesa puerta de madera del edificio. Inmediatamente, un monje cubierto con una capucha que le hacía sombra en toda la cara lo cogió y con ayuda de dos monjes más lo introdujeron dentro. El caballero observó que uno de los monjes le ordenó a otro que lo soltara e inmediatamente fuese a guardar algo. El caballero no se enteró muy bien de lo que le dijo, pero antes de cerrar los ojos vio que ese hombre se llevaba un grueso libro. Cuando los ojos del hombre se volvieron a abrir estaba en una habitación con techo encalado. Estaba solo, esperó un tiempo tendido hasta que un hombre entró en la habitación. Este, sorprendido por la rápida recuperación del caballero mandó traer una jarra llena de agua y un plato lleno de fruta. Inmediatamente, un monaguillo de corta edad trajo lo requerido por el monje y este le dijo que ya se podía marchar a su pueblo. El anciano señor dejó al caballero solo de nuevo en la habitación, pero este no pensaba quedarse como un débil todo el día tumbado en la cama, por lo que tras comer, se incorporó, se puso su armadura ( que hasta este entonces descansaba sobre un viejo baúl de madera )y se dirigió hasta la puerta dispuesto a abrirla, pero, escuchó una conversación que le interesó mucho: -No podemos dejar que ese caballero descubra El Libro. -Sí, su codicia le poseerá. Los caballeros no son de fiar en cuanto al trabajo de guardar Los Libros de Cristo. -Seguro que nada más leerlo correría a buscar la Vera Cruz, el Santo Grial o su mismísimo Sepulcro. Inmediatamente, tras escuchar esto, el caballero salió y, los monjes, sin saber qué hacer, se quedaron paralizados, al adivinar, gracias a su gran sabiduría, que el caballero lo había escuchado todo. Pero uno de ellos cogió el libro y salió corriendo. El caballero lo persiguió por todo el monasterio, pero el monje, se montó en el único caballo que había fuera del edificio y salió galopando hacia el horizonte. El caballero lo siguió durante minutos, pero ya, resignado y sin aliento se puso de rodillas y cayó al suelo, ya que no estaba recuperado del todo. Los otros monjes corrieron en su busca, pero cuando ya llegaron, el caballero había muerto... -Ha sido muy emocionante, padre. Gracias por contarme esta maravillosa historia. - De nada, hijo. Ahora, sigue con tus obligaciones, que tu padre tiene cosas que hacer. - Como usted mande, padre. FIN

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